Dime qué haces en marketing y te diré cómo follas

Desde que se popularizara Mad Men, es sabido por todos que los hombres que trabajan en marketing son dados a llevar su expertise al terreno sexual. Como metáfora situacional de la que partir, antes de sacar nuestros particulares fenotipos, imaginamos a esa tía buena apoyada en la barra de un pub, con cara de plantón por parte de algún gilipollas mucho más ocupado que cualquiera de estos peculiares personajes. 

Los perfiles de macho alfa que resultan de esta premisa son bastante certeros, y no sin humor describen la fauna que habita en las empresas. Seguro que a ti se te ocurren algunos más. Pero aquí, y ahora, estos son algunos de los especímenes más destacados:

 A) Soy de marketing directo, muñeca.

clooneyUn follador nato como tú lo tiene claro. Andas palote desde el instituto y tus novias te duran menos que la ropa que compras cada temporada en H&M. Eso sólo lo dan años de experiencia, que peinan canas ya, desde que empezaras a vender máquinas de café a las amigas de tu madre para costearte los once años que pasaste en la universidad.

Acabas con ese último trago de whisky, caminas erguido hacia la barra y, sin preguntarle nada a ella, pides al camarero que le ponga otra copa y te llene a ti. La miras fijamente, eres zorro viejo y ella una oveja descarriada. Adoptas esa mueca que tan bien te funciona con las jovencitas, y se lo sueltas: “Desde que has entrado por esa puerta, he notado que me cambiaba la vida. Eres la mujer más hermosa que nunca vi. ¿Qué te parece si quemamos la ciudad esta noche, muñeca?”.

B) ¿Yo? Relaciones públicas, mi amor.

Eres todo un caballero con mucha clase, aunque tu billetera está lejos
y-lo-sabesde contener una “black card”. Lo tuyo es el rollo diplomático desde que trapicheabas en la facultad con esos exámenes con los que todo el mundo aprobaba. Eres atento y dado a resolver los problemas de tus allegados. Si tu colega se queda sin entrada para el mejor club, tú le pones en lista VIP.

Te gusta currarte las cosas, tomarte tu tiempo. Compartes una copa, unas risas. Mientras charlas tranquilamente, el bar toca a su cierre. Abandonas el local tras ella, abriéndole por supuesto la puerta de tu coche. Te ofreces a llevarla a su casa aunque viva en la otra jodida punta de la ciudad. La conversación se alarga ya aparcados en su portal. Se siente relajada, tranquila, segura. Ese es tu momento, “y lo sabes”. Tras esos primeros besos y ese largo magreo, le susurras al oído: “Creo que vamos a estar más cómodos en tu casa, cielo”

C) Lo mío es la publicidad, pregunta a quién quieras

Siempre necesitaste un empujoncito, ser el más feo del grupo es lo que tiene. No te caben  los títulos en LinkedIn, eso sí. Tu currículo es más largo que un día sin pan, que diría mi abuela. Adicto a las redes sociales, y fashion victim redomado, nunca reparas en gastos a la hora de estar a la última.

Un amigo, miembro del séquito que habitualmente te acompaña, conoce a la belleza que tienes en frente. Él mismo se levanta, se acerca a la chica y le habla del buen partido que eres. Se sientan en la mesa, te presenta y comienza tu discurso egocéntrico que tan bien aprendido tienes, a menudo interrumpido por los halagos del lameculos de tu escudero.alcoholica

La cosa se desmadra cuando el camarero empieza a descorchar botellas a cargo de la VISA de tu empresa.
Aturdida por tu soporífera perorata, a la vez que beoda por el exceso de cava barato, te niegas a que coja su coche mientras tu lacayo llama a un taxi. Tu estrategia ha funcionado, mañana esa preciosidad se despertará a tu lado con una terrible jaqueca y con una laguna mental más densa que las mallas de Falete tras un concierto de verano.

 

“Y tú, ¿qué haces en marketing?” 🙂