El enfoque cuántico a la hora de emprender

Hace poco leí una frase de David Bohm que, desafiando la mentalidad tradicional de la educación, resume lo que para mí es una de las claves del éxito (a todos los niveles): “La capacidad de percibir o pensar de manera diferente es más importante que el conocimiento adquirido”.

Si bien Bohm era un físico cuántico (ciencia que aparentemente estaba reservada a unos pocos), cierto es que cada vez con más frecuencia escuchamos hablar de esta ciencia y se demuestra que la misma opera en todos los ámbitos de nuestra vida.

Sin pretender profundizar en el tema (ni se me pasaría por la cabeza hablar de algo tan complejo), me gustaría mencionar el origen de esta ciencia que me tiene loca (en el buen sentido). Hasta el siglo XX, la física tradicional se regía por las leyes de Newton (basadas en la mera observación de los fenómenos y en la separación entre el individuo y lo que ocurría a su alrededor). Sin embargo, alrededor de 1900, aparecieron en escena unos cuantos científicos que cambiaron totalmente el paradigma de pensamiento promulgando que:

  • el universo es un todo unificado, cuyas partes están interconectadas e influyen unas sobre otras.
  • el observador influye en el objeto observado (no existen los observadores aislados del universo mecánico, sino que todo participa en el universo).

Si bien cada uno de nosotros es único y diferente del resto, algo me dice (y esto es algo que no sólo promulgan los cuánticos) que todo está conectado y que el enfoque que uno le da a todo lo que le rodea y sucede es clave a la hora de gestionar con éxito su día a día.

Y digo yo, si esto es así, ¿no podríamos aplicar un enfoque cuántico a la hora de emprender un negocio? Muchas veces (y afirmo esto porque yo me he dejado llevar por esta tendencia), pensamos que cuanto más conocimientos adquiramos a través de los libros y de los cursos varios tendremos más posibilidades de tener éxito.

Sin embargo, cada vez somos más conscientes de que el hecho de almacenar en nuestra cabeza ideas, textos, estructuras lógicas y conocimientos en general no es suficiente…si queremos diferenciarnos, no se trata de competir para ver quién es capaz de saber más o almacenar más títulos, sino de ser capaces de cambiar el enfoque a algo que se da por “bueno” o inamovible y de este modo cambiar nuestra realidad (algo así como escribir el guión de nuestra propia película en lugar de asumir el papel que otros nos dan).

Quizá parezca una locura lo que estoy diciendo, pero no soy la primera en afirmarlo…sin ir más lejos, existe una herramienta denominada “Estrategia del Océano Azul”, que en su día rompió moldes y cuyo principio básico es el cambio total de enfoque de un negocio ya existente, para crean un nuevo mercado en lugar de engrosar la competencia ya existente.

La inspiración y la creatividad vienen de nuestro interior, no del hecho de estudiar e incorporar nuevos conocimientos sino de darles nuestro “toque personal”…y eso sólo ocurre cuando conectamos con nosotros mismos y nos olvidamos de (o tratamos de que nos condicione lo menos posible) todo aquello que se supone válido, real y demostrado a lo largo del tiempo.

Y es precisamente de ese cambio de enfoque y de esta “realidad personalizada” de donde salen los grandes proyectos:

  • porque estamos dando nuestro toque personal a esa idea o proyecto.
  • porque al crear nuestra propia realidad nos implicamos en ella de tal modo que nos resulta mucho más fluido gestionarla y llevarla “nuestra película” a buen fin).
  • porque cuando comprendemos que innovar no significa necesariamente crear de la nada algo que no existe, sino que a veces basta con cambiar la perspectiva, dejamos de complicarnos la vida.
  • porque cada uno de nosotros lleva dentro una parte del universo, por lo que no es necesario ser un genio de la física o un superdotado para poder encontrar en uno mismo algo totalmente único.
  • porque para que nuestra mente funcione es necesario abrirla (y eso no implica cambiar radicalmente nuestra forma de pensar sino simplemente flexibilizar las estructuras de nuestra cabeza y poder percibir detalles antes ignorados)
  • porque cuando un proyecto lleva implícito algo nuestro, le damos ese toque único que hace que cualquier cosa que suceda (se clasifique como éxito o fracaso) se viva sino como una experiencia de la que podemos aprender y que nos permite evolucionar (en lugar de echar “balones fuera” y culpar a otros de nuestros intentos fallidos)
  • porque estaremos tan implicados en nuestro proyecto que los demás sólo percibirán entusiasmo y será más fácil encontrar colaboradores dispuestos a implicarse.

Puede que parezca una locura…pero yo me quedo con esto antes que con la locura definida por Albert Einstein: “Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados“.

Cambiemos el enfoque y pasemos de las estadísticas y de lo “normal”… ¡a ver qué pasa! Porque, para volver al paradigma anterior, siempre estamos a tiempo…

by Paula Artal